Yolimar halló en el trabajo comunitario un motivo para quedarse

Después de alistar a sus hijos para el colegio y terminar los oficios del hogar, Yolimar se prepara para un trabajo aún más duro. Junto a su pareja, todas las tardes inician el recorrido por distintas chatarrerías del suroccidente de Barranquilla, en busca de los elementos que le generan los ingresos para mantener su hogar: el reciclaje.

Su trabajo consiste en buscar materiales de hierro, envases y tanques de plástico que son desechados con residuos de pintura, cemento o estuco, para luego limpiarlos y devolverles la vida útil para ser reciclados y comercializados en distintas ferreterías.

“No es un trabajo fácil”, confiesa “Yoli”, como cariñosamente la llaman sus vecinos y allegados de “El Bajo” y 7 de Abril, comunidades en las que no solo la conocen como recicladora, sino por el importante liderazgo comunitario que ha venido desarrollando en estos barrios de extrema vulnerabilidad.

NO HAY TRABAJO GRANDE

Esta venezolana de 36 años de edad llegó a Colombia hace dos años y medio con sus tres hijos, proveniente de Maracaibo, estado Zulia, huyendo de la crisis de su país. Desde que llegó a Barranquilla, no ha hecho otra cosa más que trabajar para buscar el pan de cada día.

Aunque el ser una mujer migrante le ha llevado a enfrentarse a situaciones difíciles de discriminación y violencias de género, para esta zuliana no hay trabajo que le quede grande.

En el asentamiento humano de Bajo Manhattan, una invasión formada por migrantes y colombianos retornados, contiguo al barrio Santa María, empezó a construir con láminas de zinc, tablas, plásticos y otros materiales desechados, su nueva casa.

A la par del reciclaje, en el que eventualmente le ayudan sus hijos, “Yoli” busca la forma de rebuscarse vendiendo panes o dulces en su comunidad. Así ha ido socializando con sus vecinos, conociendo gente y palpando necesidades y problemáticas que muchas veces sobrepasan las suyas.

LA EMPATÍA Y LA LABOR DE AYUDAR

Su espíritu colaborador y el hecho de vivir en carne propia la necesidad, le permitió saber que podía hacer algo por quienes estaban en esa misma situación de vulnerabilidad. Fue así como empezó a integrarse de forma espontánea a actividades comunitarias para ayudar a sus connacionales, junto a la lideresa venezolana del barrio Santa María, Anamary Giménez.

Asimismo, se empezó a adentrar en capacitaciones sobre derechos de las mujeres, con programas que adelanta en su comunidad la organización internacional HIAS. Desde estos espacios de empoderamiento, comenzó a apoyar a otras mujeres migrantes en temas de prevención de violencias basadas en género (VBG).

SOBREVIVIR A LA VIOLENCIA

Se describe como una persona que vivió y superó la amarga experiencia de ser víctima de VBG, lo que le ha permitido identificar casos en su sector y ayudar a otras a salir de ese ciclo de violencia y abusos que puedan estar enfrentando.

“Les aconsejo a cómo enfrentar estas situaciones, no tanto para que se alejen de su pareja, sino para que puedan con esos conocimientos, transmitírselos a ellos, a sus compañeras… y a través de la educación ir cambiando realidades”, sostiene.

Para Yolimar del Carmen Merchán el proceso de la migración no ha sido fácil, pero reconoce que le ha permitido ganar grandes enseñanzas.

“Hay momentos que han sido más fuertes que otros, pero he aprendido mucho”.

Los principales motivos que anclan sus sueños y futuro en este país es el bienestar de su familia. “Pienso mucho en mis hijos y en todo lo que ellos han logrado aquí; por eso no me veo regresando a Venezuela, por lo menos por ahora”, confiesa.

Pero pareciera que esta no es la única razón. Esta venezolana ha sembrado su corazón en el trabajo comunitario. El ayudar a otras familias es algo que le hace bien y le genera satisfacción.

“Yo soy de las que me alegro al ver a otra persona feliz. Ver cómo reciben beneficios y logran suplir alguna necesidad, por muy pequeña que sea, son cosas que me llenan de orgullo”, comenta con una sonrisa en sus labios.

RESILIENCIA PARA AVANZAR Y SOÑAR

Aunque en algunas ocasiones la responsabilidad de movilizar y convocar gente para que participen en las actividades que se desarrollan en la comunidad, le genere cansancio -dice-, es una labor que hace con mucho amor.

Cuando habla de sus sueños, sus ojos se iluminan de un brillo especial. Su meta es montar su propio negocio de panadería y repostería, ya que tanto ella como su pareja tienen habilidades y conocimientos en este oficio.

Su principal característica es la resiliencia, esa que la hace levantarse las veces que sea necesario, para adaptarse a los cambios y poder avanzar.

Les aconsejo (a las víctimas de VBG) de cómo enfrentar estas situaciones para que se lo transmitan a sus parejas y compañeras… porque a través de la educación, podemos ir cambiando realidades”.

Yolimar Merchán

“A veces me quisiera ir, pero pienso que dejo de apoyar a otras personas. Por eso no me veo haciendo otra cosa que ayudando a quien me necesite, concluye Yolimar, quien encontró en la labor de ayudar un motivo más para quedarse en Colombia.

Texto y fotografía: Orlando Manuel Gómez

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